ORACIONES:
Padre mio aqui me vez
arrodillado ante ti.
Pidiendote sanación en mi
corazón, mente, alma, cuerpo.
Te pido con fervor vengas a mi.
Señor Jesucristo.
Te pido ser escuchado y
transformado.
Solo tu Señor conoces mi vida.
Conoces mis pensamientos, mis
problemas, mis tristezas,
mis tormentos, mis angustias,
mis deseos, mis alegrias.
Te pido pon tu mano en mi
corazón dame esa oracion y
sanación para mi interior que
necesito.
ve mis ojos, ve mi
humildad, necesito ayuda.
Oh, Señor , mirame pidiendote
con sed de amor y pasión.
Ve mis manos, y mi mirada hacia
ti.
Señor, Señor Jesucristo ayudame
solo tu puedes ayudarme.
Te confieso a veces me siento
desanimado, triste, rechazado,
solo e ignorado.
Solo tu sabes el porque.
Señor, Padre mio tu sabes que te
Amo.
Tu sabes que me entrego a ti en
cuerpo y alma.
Jesucristo, Padre mio te pido en
este día.
Sanación y lavado de mi alma y
conciencia.
Y
que cada parte de mi cuerpo se
sienta aliviado.
Te lo pido con mis manos alzadas
hacia el infinito.
Y
mis ojos cristalinos mirando el
cielo.
Padre mío, vedme aqui tu hijo el
más pequeño.
Tu hijo el que no te falla.
Tu ángel celestial, tu ángel
estelar, tu ángel mágico.
Sí....... Padre mío tu hijo
Sam...
El que te pide todas las noches
arrodillado ante ti.
Ante tu inmensa gloria y
energía.
Dame esa oracion y sanación.
Amen.
ORACIONES
Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima
Trinidad, Espíritu de Verdad, amor y santidad,
que procedes del Padre y del Hijo y en todo son
iguales, te adoro y te amo con todo mi corazón.
Espíritu Santo muy querido, confiando en el
hondo y personal amor que me tienes, hago esta
novena para pedirte, si así es tu voluntad, me
concedas esta gracia en particular (Mencione el
favor que desea). Amén.
Espíritu Santo, divino Espíritu de luz y amor,
te consagro mi entendimiento, mi corazón, mi
voluntad y todo mi ser, en el tiempo y en la
eternidad. Dios Espíritu Santo, infinito amor del Padre y del Hijo, por las manos purísimas de María, tu esposa inmaculada, me pongo hoy y todos los días de mi vida sobre tu altar escogido, el Sagrado Corazón de Jesús, como un sacrificio en tu honor, fuego consumidor, con firme resolución ahora más que nunca de oír tu voz y cumplir en todas las cosas tu santísima y adorable voluntad. Por los Siete Dones del Espíritu Santo Bendito Espíritu de Sabiduría, ayúdame a buscar a Dios. Que sea el centro de mi vida, orientada hacia Él para que reine en mi alma el amor y armonía. Bendito Espíritu de Entendimiento, ilumina mi mente, para que yo conozca y ame las verdades de fe y las haga verdadera vida de mi vida. Bendito Espíritu de Consejo, ilumíname y guíame en todos mis caminos, para que yo pueda siempre conocer y hacer tu santa voluntad. Hazme prudente y audaz. Bendito Espíritu de Fortaleza, vigoriza mi alma en tiempo de prueba y adversidad. Dame lealtad y confianza. Bendito Espíritu de Ciencia, ayúdame a distinguir entre el bien y el mal. Enséñame a proceder con rectitud en la presencia de Dios. Dame clara visión y decisión firme. Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón; inclinalo a creer con sinceridad en Ti, a amarte santamente, Dios mio, para que con toda mi alma pueda yo buscarte a ti, que eres mi Padre, el mejor y más verdadero gozo. Bendito Espíritu de Santo Temor, penetra lo mas intimo de mi corazón para que yo pueda siempre recordar tu presencia. Hazme huir del pecado y concédeme profundo respeto para con Dios y ante los demás, creados a imagen de Dios.
Oración. Ven, Espíritu Santo Supremo consolador, Luz sacrosanta del mundo, Limpia toda sordidez, Amén. ¡Aleluya!
Oremos.
Oración corta al Espíritu Santo Actúa en mi, Espíritu Santo, Induce mi corazón, Espíritu
Santo, Fortaléceme, Espíritu Santo, Guárdame, Espíritu Santo, |
ORACIONES AL ESPIRITU SANTO
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¡Ven, Espíritu Divino!
Ven,
Espíritu Divino,
Ven,
dulce huésped del alma,
Entra hasta el fondo del alma,
Riega la tierra en sequía,
Reparte tus siete dones,
ORACION AL ESPIRITU SANTO
ESPÍRITU SANTO, ALMA DE MI ALMA |
VEN,
ESPÍRITU CREADOR
V.
Envía tu Espíritu y serán creados.
ESPOSO/ESPOSA POR SU FAMILIA
Dadles gracia para vencer los vicios y pasiones.
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ORACION PARA IMPLORAR EL ESPIRITU SANTO |
Invocaciones a
María Santísima para obtener El ESPÍRITU SANTO |
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ORACION POR LOS DONES DEL ESPIRITU
Eterno Padre, en nombre de
Jesucristo y por la intercesión de la Siempre
Virgen María, envía a mi corazón al Espíritu
Santo. |
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Espíritu
Santo
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El tema se desarrolla de la siguiente manera:
Todas las teorías y sectas Cristianas que han contradicho o impugnado, de cualquier manera, el dogma de la Trinidad, como consecuencia lógica, han amenazado asimismo la fe en el Espíritu Santo. Entre estas, la historia menciona lo siguiente:
La primera afirmación es directamente opuesta al Monarquianismo y al Socinianismo; el segundo, al Subodinacionismo, a diferentes formas de Arianismo y en particular al Macedonismo. Los mismos argumentos sacados de las Escrituras y la Tradición, pueden ser usados generalmente para probar cualquiera de las afirmaciones. Sin embargo, nosotros mostraremos las pruebas de las dos verdades juntas, pero primero daremos atención especial a algunos pasajes que demuestran más explícitamente la distinción de personalidad.
Muchos otros textos declaran bastante claramente que el Espíritu Santo es una Persona, una Persona distinta del Padre y del Hijo, y sin embargo, Un solo Dios con Ellos. En varios lugares, San Pablo habla de El como si estuviera hablando de Dios. En los Hechos, xxviii, 25, le dice a los Judíos: "Es muy acertado lo que dijo el Espíritu Santo cuando hablaba a sus padres por boca del profeta Isaías"; ahora bien, la profecía contenida en los dos versos siguientes son tomados de Isaías, vi, 9,10 donde es puesta en boca del "Rey el Señor de multitudes". En otros lugares usa las palabras Dios y Espíritu Santo como simple y llanamente sinónimos. De este modo, escribe I Cor., iii,16: "¿No saben que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?" y en vi, 19: "¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que está en ustedes?" San Pedro afirma la misma identidad cuando el habla con Ananías (Hechos v, 3-4): "¿Porqué haz dejado que Satan se apodere de tu corazón?...¿porqué intentas engañar al Espíritu Santo?...No haz mentido a los hombres, sino a Dios." Los escritores sagrados atribuyen al Espíritu Santo todos las obras características del poder Divino. Es en Su nombre, como en el nombre del Padre y del Hijo, que es dado el bautismo (Mateo xxviii, 19). Es a través de Su operación que es realizado el mayor de los misterios Divinos, la Encarnación del Verbo, (Mateo., i, 18-20; Lucas, i,35). Es también en Su nombre y por Su poder que los pecados son perdonados y las almas santificadas: "Reciban el Espíritu Santo: a quienes descarguen de su pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos" (Juan, xx, 22, 23); "Pero han sido lavados, han sido santificados y rehabilitados por el Nombre de Cristo Jesús, el Señor, y por el Espíritu de nuestro Dios" (I Cor., vi, 11); " la cual no quedará frustrada, pues ya se nos ha dado el Espíritu Santo y por El el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones" (Rom., v, 5). El es, esencialmente el Espíritu de verdad (Juan, XIV, 16-17; xv, 26). Aquel cuya obra es el fortalecimiento de la fé (Hechos, vi,5), que confiere sabiduría (Hechos, vi,3), quien dá testimonio de Cristo, lo cual equivale a decir que confirma Sus enseñanzas internamente (Juan xv, 26) y que enseña a los Apóstoles el completo significado de ellas (Juan, xiv,26; xvi,13). Con estos Apóstoles, se quedará por siempre (Juan, xiv,16) Habiendo descendido a ellos en Pentecostés, los guiará en su trabajo (Hechos, viii, 29), El inspirará a los nuevos profetas (Hechos xi, 28; xiii,9) como El inspiró a los profetas del Antiguo Testamento (Hechos, vii,51). El es la fuente de gracias y dones (I Cor., xii, 3-11). En particular, El otorga don de lenguas (Hechos, ii, 4;x, 44-47). Y en tanto habita en nuestros cuerpos, los santifica (I. Cor., iii, 16; vi, 19) y de esta manera los levantará nuevamente, un día, de la muerte (Rom., viii,11). Aunque El obra especialmente en el alma, dándole nueva vida (Rom., viii, 14-16; II. Cor., i,22; v,5; Gal., iv,6). El es el Espíritu de Dios, y, al mismo tiempo, el Espíritu de Cristo (Rom., viii,9); porque El está en Dios, El conoce los misterios mas profundos de Dios (I.Cor., ii, 10-11) y posee todo el conocimiento. San Pablo termina su segunda carta a los Corintios (xiii,13) con su fórmula de bendición la cual, puede ser llamada una bendición de la Trinidad: "La gracia de nuestro Señor Jesucristo, y la caridad de Dios y la comunicación del Espíritu Santo estén con todos Uds." – ct. Tixeront "Histoire des dogmes", Paris, 1905, I, 80,89,90,100,101.
No nos detendremos mucho en el significado preciso de Procesión en Dios. (Ver Santísima Trinidad). Aquí será suficiente observar que entendemos por esta palabra la relación de orígen que existe entre una de las Personas Divinas y la otra, o entre una y las otras dos como su principio de origen. El Hijo procede del Padre; el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La última de las verdades será especialmente tratada aquí.
Este hecho es indiscutible en lo que a los Padres Occidentales se refiere; aunque los Griegos lo negaron por el Este. Citaremos, por lo tanto, algunos testigos entre éstos últimos. El testimonio de San Atanasio ha sido citado mas arriba, en efecto que "El Hijo es la fuente del Espíritu" y la declaración de Cirilo de Alejandría que el Espíritu Santo tiene Su "naturaleza" del Hijo. Este último santo después afirma (Thesau., afirm. Xxxiv en PG., LXXV, 585); "Cuando el Espíritu Santo llega a nuestros corazones, nos hace semejantes a Dios, porque El procede del Padre y del Hijo"; y nuevamente (Epist., xvii, Ad Nestorium, de excommunicatione en PG., LXXVII, 117): "El Espíritu Santo no está desconectado con el Hijo, porque El es llamado el Espíritu de Verdad, y Cristo es la Verdad; de tal que El procede de El así como también de Dios el Padre". San Basilio (De Spirit.S., xviii en P.G., XXXII, 147) no desea que nos apartemos del orden tradicional al mencionar las Tres Personas Divinas porque "así como el Hijo es al Padre, así es el Espíritu al Hijo, de acuerdo con el antiguo orden de los nombres en la fórmula del bautismo". San Apiphanius escribe (Ancor., viii, en PG., XLIII, 29, 30) que el Consolador no puede considerarse como desconectado con el Padre y el Hijo, porque El es con Ellos uno en sustancia y divinidad" y declara que "El es del Padre y del Hijo"; aún más, agrega (op.cit.xi, en P.G., XLIII, 35): "Nadie conoce el Espíritu salvo el Padre, y excepto el Hijo, del cual El procede y de Quien El recibe". Finalmente, un concilio sostenido en Seleucia el año 410 proclamó su fe "en el Espíritu Santo Viviente, el Santo Consolador Viviente, Quien procede del Padre y del Hijo" (Lamy, "Concilium Seleuciae", Louvin, 1868). Sin embargo, al comparar los escritores latinos como un cuerpo, con los escritores orientales, notamos una diferencia de lenguaje: mientras los primeros casi unánimamente afirman que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, los últimos generalmente dicen que El procede del Padre a través del Hijo. En realidad, el pensamiento expresado tanto por Griegos como por Latinos es uno y el mismo, sólo la manera de expresarlos tiene una pequeña diferencia: la fórmula griega ek tou patros dia tou ouiou expresa directamente el orden de acuerdo al cual el Padre y el Hijo son el principio del Espíritu Santo, e implica su igualdad como principio; la fórmula latina expresa directamente esa igualdad e implica el órden. Así como el Hijo mismo procede del Padre, es del Padre que El recibe, junto con todo lo demás, la virtud que lo hace a El el principio del Espíritu Santo. De este modo, el Padre sólo es principium obsque principio, aitia anarchos prokatarktike, y, comparativamente, el Hijo es un principio intermediario. El uso preciso de las dos preposiciones, ek (de) y dia (a través) no implican nada más. En los siglos 13 y 14, los teólogos griegos Blemmidus, Beccus, Calecas y Bessarion llamaron la atención a esto, explicando que las dos partículas tienen la misma significación, pero el de se ajusta mejor a la Primera Persona, Quien es la fuente de las otras, y a través, a la Segunda Persona, Quien viene del Padre. Mucho antes de su tiempo,. San Basilio había escrito (De Spir. S., viii, 21 en P.G., LIX, 56): " la expresión di ou expresa reconocimiento del principio primordial [ tes prokatarktikes aitias]"; y San Crisóstomo (Hom. V en Ijuan., n.2 en P.G., LIX, 56):"Si se ha dicho a través de El, se ha dicho sólo para que nadie pueda imaginar que el Hijo no es generado": Podemos agregar que la terminología usada por los escritores orientales y occidentales, respectivamente, para expresar la idea, está lejos de ser invariable. Así como Cirilo, Epiphanius y otros Griegos afirman la Procesión ex utroque, así también varios escritores latinos, no consideraban que partieron de la enseñanza de su Iglesia al expresarse ellos mismos como Griegos. Es así como Tertuliano (Contra Prax., iv, en P.L., II, 182): "Spiritum non aliunde puto quam a Patre per Filium"; y San Hilario (De Trinit., lib., XII, n. 57, en P.L., X, 472), dirigiéndose al Padre, protesta que desea adorar, con El y al Hijo "a Su Espíritu Santo, Quien viene de El a través de Su único Hijo".Y, sin embargo, el mismo escritor había dicho en tono más alto (op. Cot., lib. II, 29, en P.L., X, 69), "que debemos confesar al Espíritu Santo viniendo del Padre y del Hijo", clara prueba que las dos fórmulas fueron vistas como sustancialmente equivalentes.
Habiendose tratado la parte que toma el Hijo en la Procesión del Espíritu Santo, estamos próximos a considerar la introducción de la expressión Filioque, dentro del Credo de Constantinopla. El autor del agregado es desconocido, aunque la primera huella se encuentra en España. El Filioque, fué sucesivamente introducido dentro del Símbolo del Concilio de Toledo en el año 447, entonces, en cumplimiento de una orden de otro sínodo sostenido en el mismo lugar en el año 589, fué incluído en el Credo Niceno-Constantinopla. Admitido también dentro del Símbolo Quicumque, comenzó a aparecer en Francia en el siglo octavo. Fué cantado el año 767 en la capilla de Carlomagno en Gentilly, donde fué oído por embajadores de Constantino Corponimnus. Los Griegos estaban impactados y protestaron. Las explicaciones fueron dadas por los Latinos, y le siguieron muchas discusiones. El Arzobispo de Aquileia, Paulinus, defendió el agregado en el Concilio de Friuli el año 796. Fué luego aceptado por el conciclio en Aachen, el año 809. Sin embargo, como probó ser un obstáculo para los Griegos, el Papa Leo III, lo desaprobó
Este título y la teoría conectada a el, así como la teoría de los frutos del Espíritu Santo y aquella de los pecados contra el Espíritu Santo, implican lo que los teólogos llaman apropiación. Se entiende por este término lo que es atribuído especialmente a las perfecciones de una Persona Divina y las obras exteriores que nos parecen más claramente e inmediatamente conectadas a El, cuando consideramos Sus características personales pero que en realidad son comunes a las Tres Personas. Es en este sentido que atribuimos al Padre, la perfección de onmipotencia con sus más impactantes manifestaciones, por ejemplo, la Creación, porque El es el principio de las otras dos Personas; Al Hijo atribuimos la sabiduría y las obras de sabiduría, porque El procede del Padre por el Intelecto; al Espíritu Santo atribuimos las operaciones de gracia y santificación de las almas y en particular, dones y frutos, porque El procede del Padre y del Hijo como Su amor mutuo y es llamado en las Sagradas Escrituras, la bondad y caridad de Dios. Los dones del Espíritu Santo son de dos tipos: los primeros son especialmente encaminados a la santificación de la persona que los recibe; los segundos, son llamados más propiamente charismata, son favores extraordinarios otorgados para ayudar a otros, favores también, los cuales no santifican por sí mismos, e incluso pueden estar separados de la gracia santificante. Aquellos del primer tipo son considerados 7 en número, como los enumeraba Isaías (xi,2,3) donde el profeta los ve y describe en el Mesías. Son los dones de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, conocimiento y piedad (santidad) y temor del Señor. El don de sabiduría, al despegarnos del mundo, nos hace apetecer y amar solo las cosas del cielo. El don de entendimiento nos ayuda a atrapar las verdades de la religión en tanto sea necesario. El don de consejo salta desde la prudencia sobrenatural y nos permite ver y escoger correctamente aquello que ayudará más a la gloria de Dios y nuestra propia salvación. Por don de fortaleza recibimos el coraje para sobrellevar los obstáculos y dificultades que surgen en la prácticas de nuestros deberes religiosos. El don de conocimiento nos muestra el camino a seguir y los peligros a evitar para alcanzar el cielo. El don de piedad, al inspirarnos con una tierna y filial confianza en Dios, nos hace abrazar con gozo todo aquello que atañe a Su servicio. Finalmente, el don de temor nos llena de respeto soberano por Dios, y nos hace temer ofenderlo. En cuanto a la naturaleza interna de estos dones, los teólogos los consideran sobrenaturales y cualidades permanentes, los cuales nos hacen atentos a la voz de Dios, la cual nos hace susceptibles a las obras de gracia actual, la cual nos hace amar las cosas de Dios, y, consecuentemente, se traduce en más obediencia y docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo. ¿Pero, cómo difieren de las virtudes?. Algunos escritores piensan que realmente no se distinguen, que ellos son virtudes en tanto los primeros son dones gratuitos de Dios y están esencialmente identificados con la gracia, caridad y las virtudes. Esa opinión tiene el particular mérito de evitar una multiplicación de entidades infusas dentro del alma. Otros escritores ven los dones como perfecciones de un orden superior al de las virtudes; las últimas, dicen, nos disponen a seguir el impulso y guía de la razón; los primeros están funcionalmente encaminados a volver la voluntad obediente y dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo. Para saber más sobre la primera opinión, ver Bellevue, "L'uvre du Saint-Esprit" (Paris, 1902), 99 sq.; y para la última, ver Sto. Tomás, I-II, Q. lxviii, a. 1, y Froget, "De lhabitation du SaintEsprit dans les âmes justes" (Paris, 1900), 378 sq. Los dones del segundo tipo o carismata, son conocidos por nosotros parcialmente por San Pablo y parcialmente de la Historia de la Iglesia primitiva, en el seno de la cual Dios las concedió plenamente. De estas "manifestaciones del Espíritu", "todas estas cosas [que] uno y el mismo Espíritu obró, separando a cada uno según su voluntad", los Apóstoles nos hablan, particularmente en I. Cor., xii, 6-11; I Cor., xii, 28-31; y Romanos xii, 6-8. En el primero de estos tres pasajes encontramos 9 carismatas mencionadas; el don de hablar con sabiduría, el don de hablar con conocimiento, fe y gracia de sanar, el don de milagros, el don de profecía, el don de discernir espíritus, el don de lenguas. A esta lista, debemos agregar, por lo menos, como se encuentra en los otros dos pasajes indicados, el don de gobierno, el don de ayuda y tal vez lo que Pablo llama distributio y misericordia. Sin embargo, no todos los exégetas concuerdan en el número de carismatas, o la naturaleza de cada una de ellas; tiempo atrás, San Crisóstomo y San Agustín habían señalado la oscuridad del tema. Adhiriendo a la visión mas probable sobre el tema, debemos inmediatamente clasificar la carismata y explicar el significado de la mayoría de ellas como sigue. Ellas forman cuatro grupos naturales:
El pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo es mencionado en Mateo 12: 22-32; Marcos 3:22-30; Lucas 12: 10 (ct. 11:14-23); y en todas partes Cristo declara que no serán perdonados.¿En qué consisten?. Si examinamos todos los pasajes aludidos, no hay muchas dudas. Por ejemplo, tomemos en cuenta lo dado por San Mateo el cual es mas completo que aquellos de otros Sinópticos. Fué traído a Cristo "a uno poseído por el demonio, ciego y mudo: y el lo sanó, para dar testimonio". Mientras, la muchedumbre admirada se preguntaba "¿No es éste el Hijo de David?" los Fariseos, dando paso a su habitual celo y cerrando sus ojos a la luz de la evidencia, dijeron: "Este hombre expulsa a los demonios por obra de Beelzebub, príncipe de los demonios". Luego Jesús les prueba este absurdo y, consecuentemente, la malicia de su explicación; El les muestra que es por "el Espíritu de Dios" que El expulsa los demonios, y luego El concluye: "Por eso yo les digo: se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón. Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie al Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro". Por lo tanto, pecar contra el Espíritu Santo es confundirlo con el espíritu demoníaco, es negarle, por pura malicia, el carácter Divino a obras manifiestamente Divinas. Es este el sentido por el cual San Marcos también define el tema del pecado; por ello, luego de repetir las palabras del Maestro: "Pero el que blasfeme al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón" inmediatamente después agrega: "Y justamente ese era su pecado cuando decían: está poseído por un espíritu malo". Jesús contrasta con este pecado de pura y categórica malicia, el pecado "contra el Hijo del hombre" cual es el pecado cometido contra El mismo como hombre, el mal hecho a Su humanidad al juzgarlo por Su humilde y pobre apariencia. Esta falta, distinta a la primera, puede ser excusada como resultado de la ignorancia y malinterpretación. Pero los Padres de la Iglesia, comentando los textos del Evangelio que hemos tratado, no se quedaron solo con los significados dados más arriba. Ya sea que desearan agrupar todos los casos objetivamente análogos, o ya sea que vacilaban y titubeaban al confrontados con este punto de la doctrina, que San Agustín declara (Serm. Ii de verbis Domini, c.v) una de las mas difíciles en las Escrituras, propusieron diferentes interpretaciones o explicaciones.
Es fácil ver cómo esta amplia explicación se ajusta a todas las circunstancias del caso donde Cristo dirige sus palabras a los Fariseos. Estos pecados son considerados comúnmente seis: desesperanza, presunción, impenitencia o una fija determinación a no arrepentirse, obtinación, resistencia a la verdad conocida y la envidia por el bienestar espiritual de otro. Se dice que los pecados contra el Espíritu Santo son imperdonables, aunque el significado de esta afirmación variará bastante de acuerdo a cual de las tres explicaciones dadas mas arriba es aceptada.. En cuanto a la impenitencia final, esto es absoluto; y esto es fácilmente entendido, porque incluso Dios no puede perdonar donde no hay arrepentimiento y el momento de la muerte es el instante fatal después del cual ningún pecado mortal es perdonado. San Agustín, al considerar en las palabras de Cristo la implicancia de absoluta inperdonabilidad, que sostuvo que el pecado contra el Espíritu Santo es solamente el de la impenitencia final. En las otras dos explicaciones, de acuerdo a Santo Tomás, el pecado contra el Espíritu Santo es perdonable – no absolutamente y siempre, que (considerado en sí mismo) no sean extenuantes las demandas y las circunstancias, la inclinación hacia el perdon, puede ser solicitado en el caso de pecados de debilidad e ignorancia. Aquel que, por pura y deliberada malicia, rehusa reconocer la obra manifiesta de Dios o rechaza los medios necesarios de salvación, actúa exactamente igual al hombre enfermo que no solo rehusa toda medicina y alimento, sino que hacer todo lo que está en su poder para aumentar su enfermedad, y cuyo mal se torna incurable debido a su propia acción. Es verdad que, en cualquier caso, Dios podría, por un milagro, vencer el mal; El podría, por Su propia onmipotente intervención, ya sea anular las causas naturales de la muerte corporal, o radicalmente cambiar la voluntad del pecador porfiado, pero tal intervención no estaría de acuerdo con Su providencia ordinaria; y si el permite las causas secundarias para actuar, si El ofrece al hombre libre voluntad de gracia ordinaria pero suficiente ¿ quién podría tener motivo de queja?. En una palabra, la imperdonabilidad de los pecados contra el Espíritu Santo es exclusivamente por el lado del pecador tomando en cuenta los actos del pecador. Sobre el dogma ver:: STO. TOMAS, Summa Theol., I, Q. xxxvi-xliii; FRANZELIN, De Deo Trino (Rome, 1881); C. PESCH, Pælectiones dogmaticæ, II (Freiburg im Br., 1895) POHLE, Lehrbuch der Dogmatik, I (Paderborn, 1902); TANQUEREY, Synop. Theol. dogm. spec., I, II (Rome, 1907-8). Consideración de los argumentos del dogma en las Escrituras: WINSTANLEY, Spirit in the New Testament (Cambridge, 1908); LEMONNYER, Epîtres de S. Paul, I (Paris, 1905). Consideraciones de la tradición : PETAVIUS, De Deo Trino in his Dogmata theologica; SCHWANE, Dogmengeschichte, I (Freiburg im Br., 1892); DE REGNON, Etudes théologiques sur la Sainte Trinité (Paris, 1892); TIXERONT, Hist. Des dogmes, I (Paris, 1905); TURMEL, Hist. de la théol. positive (Paris, 1904). J. FORGET |